martes, 21 de marzo de 2017

La esperanza: hay que cultivarla en nuestra vida



Por Raúl Gorrín.- Hay un dicho popular que dice que la esperanza es lo único que no se pierde; sin embargo la vemos como un sentimiento, un valor o un estado de ánimo, lo cierto es que esta directamente asociada a las emociones positivas; es además esa sensación que a veces percibimos de que se está esperando que ocurra algo bueno en un momento dado.

Los seres humanos en muchos momentos de la vida necesitamos un tipo de motivación o de aliento que en ciertas oportunidades viene dado por nosotros mismos, y es a través de tener esperanzas sobre una determinada acción o evento en la que se está emprendiendo un camino con el fin de lograr los objetivos propuestos: es decir estamos esperanzados.

Desde el punto de vista de la psicología positiva sí sentimos esperanza sobre algo, quiere decir que tenemos confianza para saber que las cosas van a salir bien; este enfoque positivista nos explica que la esperanza es la motivación que podemos tener para poder establecer bases sobre un futuro, bien sea cercano o lejano, queriendo mejorar algo para así poder sentirnos bien con nosotros mismos; esta situación es posible con actitudes optimistas y emociones positivas.

Aunque parece un tema complejo, a mi parecer me resulta sencillo entenderlo y explicarlo, porque muchas veces cuando estamos pasando por un mal momento, sea cual sea el ámbito, puede ser en la salud, en el amor, en el aspecto laboral o profesional, o cualquier otro, solemos aferrarnos a una esperanza motivada hacia tener fe en que algo va a salir bien o que las cosas mejorarán; la esperanza es un recurso que ayuda a salir de una situación complicada y así no caer en depresión. Esa confianza es un estímulo donde se incrementa la perseverancia y la fuerza para seguir luchando por lo que de verdad queremos.

La esperanza se puede ver como un estado de ánimo favorable para que salgamos a flote en muchas circunstancias desfavorecedoras por las que podemos estar pasando, permitiendo así poder resolver los problemas satisfactoriamente. Es como un escudo, una protección, una emoción que nos da fortaleza y madurez emocional. Es un rasgo de personalidad, una fortaleza para conseguir que nos adaptemos de una forma saludable a nuestra propia vida, teniendo como propósito buscar nuestra felicidad.

Algunos estudios revelan que las personas con más esperanza tenemos menores índices de depresión y nos sentimos más satisfechos con la vida. También la investigación demostró que nos ayuda a manejar el estrés. Un aspecto especialmente interesante de la esperanza es que se asocia fuertemente con el sentido de la vida. Las personas que tenemos altos niveles de esperanza tendemos a conectarnos mejor con los demás, porque nos interesan no sólo nuestras propias metas, sino las de las otras personas; y somos más capaces de considerar diferentes perspectivas o puntos de vista.



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